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PANDEMIA - Juan Pozuelo

Updated: Jun 20

Hoy nos presenta una historia Juan Pozuelo, cocinero, formador y presentador de Televisión, madrileño y estandarte de producto local en el mundo de la gastronomía.

También nuestro amigo Juan posee varios restaurantes en sitios emblemáticos de la capital de España,  donde por supuesto, no faltan en sus cartas en lugar destacado Vinos de Madrid.


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Las cosas comenzaron a complicarse de un modo apenas inconsciente. Como una mancha de aceite que no hace ruido al desplazarse, así nos fue envolviendo poco a poco y de repente, como un bofetón inesperado, nos despertó de golpe de esa ensoñación que nos hacia sentirnos al mismo tiempo poseedores de una invencibilidad eterna así como ajenos a la realidad. Por alguna extraña razón se cerraron ojos y oídos a una realidad que se extendía sin remedio pero que con esa conducta que actualmente nos hace un poco más débiles, dimos importancia a las cosas que no lo son, y procurando conservar el trabajo, hubo quien olvidó, o tal vez es que no sabía, lo que es peor aun sin atendemos a las responsabilidades personales, hacer su trabajo.

Contagiados de ese entorno, la gente salió a la calle como si nada, y acudíamos a concentraciones, a mítines, a eventos deportivos, a fiestas. Y nos abrazábamos como siempre y los besos seguían fluyendo. De repente, como si hubiera sido una nube espontánea, todo era alarma y preocupación pero claro, cuando quien esta al frente te empuja a estar confiado durante mucho tiempo, como hacerle caso de repente cuando el cambio de mensaje se produce de una día para otro. Porque ya se sabe como somos, nos encanta la calle y el consejo de quedarse en casa sin salir era como una broma de mal gusto.

El mal gusto llegó de golpe cuando todo se expandió a velocidad de vértigo y las noticias empezaron a superar los peores pronósticos, no de quien dijo que no llegaría a pasar, si no de quien incluso lo había avisado en el entorno mas profesional. Y sin darnos apenas cuenta, la vida, tal y como las conocíamos, se paró. Y comenzó una nueva.

Las calles mudaron de paisaje de manera vertiginosa y en apenas 5 días, marzo se convirtió en el agosto típico de los años 80 cuando la ciudad se esfumaba. A diferencia de entonces, se prohibió la llegada de turistas por lo que sin los propios y los llegados, las calles se vaciaron como solo habíamos visto hasta ese momento en las películas.

Los días se fueron parando poco a poco en todas las facetas habituales. Los despertadores empezaron a sonar con mezcla de emociones ante una situación nueva, la ducha y vestirse ya no era el previo a salir disparados al trabajo, a llevar hijos al cole o comenzar las tareas en casa. Las tareas en el hogar comenzaron a hacerse habituales y compartidas, las comidas volvieron a hacerse en familia alrededor de la mesa y tuvimos que volver a hablarnos de cosas que no solíamos hacer, cuando no estábamos acostumbrados y en una casa que redescubríamos casi como nueva.

Y comenzó otras maneras de hacer las cosas y de entre ellas, las de cocinar. Como si un chasquido lo hubiese activado, las cocinas de las casas se encendieron, los frigoríficos volvieron a llenarse de compra diversa, la cocina rápida y procesada dejó paso a recetas de otro tiempo, al microondas lo sustituyeron cazuelas arrinconadas y sartenes de hierro donde bullían verduras, pescados, carnes y legumbres en lugar de empanados y congelados.

Pero ocurrió algo más, la distancia creciente generó una corriente que se extendió con rapidez y contrapuesta. Las redes se convirtieron en el vinculo social de un modo que jamas lo fue y se llenaron de vida y de cocina. Las recetas de siempre y las de ahora, los platos nuevos y viejos, los libros gastados de la cocina de la abuela se unieron a los post mas inmediatos y todo confluyó para darle vida, un nuevo sentido a la vida y todo a través de la gastronomía.

Después de dos meses y medio largos, donde aun las cosas no han vuelto a la normalidad, poco a poco las calles vuelven a llenarse de personas que empiezan a acudir a sus trabajos que cerraron o se transformaron en teletrabajo, vuelven a llenarse de personas que vuelven a salir a la calle con la ansiedad del preso en busca de una bocanada de aire de la calle, aunque sea a través de una mascarilla y del mismo modo que se produjo, la mancha de aceite comenzó a retroceder, ahora sí dándonos cuenta un poco mas de que volvíamos pero que no lo hacíamos a la misma vida que habíamos dejado. Y del mismo modo, el tiempo dedicado a la cocina ha comenzado a menguar pero convencidos de alguna manera de que lo vivido durante estos meses alrededor de una mesa de cocina o de comedor quedará instalado para siempre en nuestra memoria y en nuestros corazones.

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